Reflejos

Tengo la inmensa suerte de haber podido asisitir a un curso de Alicia Bastos. Esta psicóloga políglota, actriz aficionada y genial comunicadora es una experta en el estudio, desde el punto de vista neurológico, de cómo los reflejos primarios no inhibidos influyen en nuestro desarrollo cognitivo y motor.

Y digo que he tenido esa suerte porque me ha permitido tomar conciencia de la importancia del tema. Porque, normalmente, lo que se sabe de reflejos de bebés es que si pones el dedo sobre la palma de su mano, la cierran y aprietan con fuerza; si les acaricias alrededor de la boca, giran la cabeza buscando una teta que los alimente; y, si los incorporas, de manera que uno de sus piececillos toque el suelo, levantan el otro como si quisieran subir un escalón. Pero se ignora todo lo demás, que es mucho.

Existen reflejos primarios, que se adquieren durante la gestación, y reflejos posturales, que se adquieren ya en vida y nos acompañan durante el resto de nuestros días.
Los reflejos primarios ayudan al bebé en el parto y durante el complejo proceso de adaptación que suponen los primeros meses de vida, y resultan una buena preparación para movimientos voluntarios posteriores. De hecho, el parto no sólo pone en funcionamiento estos reflejos, sino que los potencia. De ahí, la importancia de evitar cesáreas innecesarias y de promover el parto natural, siempre que sea posible.

Pero, una vez que los reflejos primarios han cumplido su función, deben ser inhibidos para que el niño desarrolle estructuras neurológicas que le permitan tener control sobre respuestas voluntarias. La no inhibición puede provocar una inmadurez en los sistemas del niño y en sus patrones de comportamiento. La doctora Sally Goddard, autora del libro Reflejos, aprendizaje y conocimiento lo explica así:
“El equipo fundamentalmente esencial para el aprendizaje será ineficiente o erróneo, a pesar de una capacidad intelectual adecuada. Es como si las habilidades posteriores permanecieran atrapadas en un estado de desarrollo anterior y, en lugar de pasar a ser automáticas, sólo pudieran controlarlas a través de un esfuerzo consciente contínuo”.

Y, si es tan importante la inhibición, ¿cómo se lleva a cabo?. A través de una serie de movimientos específicos que todos los bebés tienen “programados” en su interior: girar sobre sí mismos, arrastrarse, gatear, andar a cuatro patas, ponerse en cuclillas, incorporarse y andar. Cada uno de estos hitos es importante en el desarrollo del niño y lo preparan  para aspectos tan cruciales en nuestras vidas como la lectura y la escritura (“la motricidad gruesa propicia la motricidad fina”). Todos ellos tienen lugar en el suelo y nada puede sustituir al suelo como campo de pruebas y lugar de aprendizaje. La importancia de estos movimientos no radica solamente en su función inhibidora de reflejos a una edad temprana, sino que pueden servir como elementos terapéuticos en niños y adultos para eliminar vestigios de reflejos subyacentes.

Sólo prestando atención a este enfoque, podemos entender que el niño etiquetado como “nervioso”, “movido” o “inquieto”, tal vez no lo sea, pero sí que es incapaz de permanecer mucho tiempo sentado en una silla porque no ha inhibido el reflejo espinal de Galant. Seguramente se diagnosticarían menos trastornos de déficit de atención o hiperactividad, si se comprobara si el niño aún tienen activo el reflejo de Moro, de manera que no consigue filtrar toda la información que recibe a través de los sentidos y esto le está impidiendo focalizar su concentración en una sola cosa. Y nos daríamos cuenta, también, de que, en ese niño que sujeta de manera tan extraña el lápiz para escribir, puede que permanezca latente el reflejo palmar y que, simplemente con animarle a colgarse de una barra, ya le estaríamos ayudando.

Cuando hice el curso, Alicia comentó que estaba tratando de que el rector de la facultad de psicología de una universidad de Madrid introdujera la perspectiva de los reflejos en su plan de estudios, porque, como decía ella, “cuántas horas de diván se ahorrarían niños y adultos en la consulta del psicólogo si dedicáramos los primeros diez minutos de la sesión a estudiar cómo reacciona a los estímulos, cómo se mueve y cuál es el estado de sus reflejos”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Reflejos

  1. Luces dijo:

    ¡Qué interesante! Esta entrada no ha podido ser más oportuna para mí hoy, pues llevo unos días observando con mayor atención lo que me parecía un acusado del reflejo de moro en mi niño (3 meses) y preguntándome si es normal, qué implicaciones tiene este reflejo, por qué se produce, qué hacer en el caso de su persistencia… Ver el vídeo de Alicia me ha relajado al saber que el movimiento y el suelo inhiben por sí solos este y otros reflejos. ¡Cuenta unas cosas muy interesantes!

  2. wawier dijo:

    Por lo que leí en el libro de Sally Goddard y por lo que entendí en el curso de Alicia, el reflejo de Moro suele quedar inhibido hacia los 3 o 4 meses, pero se considera normal si desaparece antes de los 6.
    Si tienes oportunidad de hacer un curso como éste, te lo recomiendo. Es genial.
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s