Evolución

Me voy a poner trascendente.

Cada vez que contemplo a mi hijo alcanzar nuevas posturas y adquirir nuevas habilidades por sí mismo, me convenzo más de que la vida tiene un plan de desarrollo establecido para cada individuo, una fuerza poderosa que le lleva a desplegar todas sus capacidades y que, probablemente, sea el resultado de millones y millones de años de evolución.

Siempre me ha resultado curiosa la similitud que hay entre la evolución de la vida en la Tierra y el proceso de transformación de un ser humano desde su concepción. Así, en el planeta, todo comenzó con una primera célula que dio paso a organismos pluricelulares que flotaban en ese inmenso líquido amniótico que es el mar. La vida siguió su curso, dando lugar a seres cada vez más complejos que se aventuraron a salir del agua, como nosotros nos aventuramos a salir del vientre de nuestra madre. Al principio, nos sentimos desvalidos, como esos primeros seres anfibios que pisaron tierra firme. Pero después, vamos cogiendo soltura y, empujados por ese plan interno y sin necesidad de intermediarios externos, aprendemos a arrastrarnos, primero, movernos a cuatro patas, después, y, finalmente, a erguirnos y caminar. Ese paralelismo entre la vida y nuestra evolución como individuos no puede ser casual.

Humberto Maturana, biólogo y filósofo chileno, desarrolló la idea de los organismos autopoiéticos para referirse a aquellos seres que tienen la capacidad de hacerse a sí mismos. Todo comenzó, dice, con una célula primigenia que contaba con una membrana semipermeable, un sofisticado (aunque, en apariencia, simple) mecanismo que le permitía establecer contacto con el mundo exterior y tomar de él aquello que necesitaba, a la vez que la protegía de las amenazas externas que podrían destruírla. Así, pudo persistir la vida.

Nosotros, descendientes de aquella primera célula como todos los demás seres vivos, llevamos dentro, desde antes de nacer, esa capacidad para interactuar con el entorno, ese poder de realizarnos a nosotros mismos y esa fuerza impulsora que nos lleva a desarrollarnos, sin necesidad de intervenciones externas que nos preparen para existir ni nos muestren cómo llegar a “ser”.

Si nos dejan, si se nos acompaña con amor y respeto, y se nos proporciona un ambiente apropiado, somos capaces de aprender, de crear, de sentir, de definirnos como personas, tomando del entorno aquello que nos conviene y descartando lo que no necesitamos.

Ortega y Gasset lo expresó así: “Sólo si los niños pueden vivir hoy plenamente como tales, mañana serán personas adultas en la plenitud de su potencial. El renacuajo no se hace un mejor sapo si se lo fuerza a vivir fuera del agua prematuramente. Así también, el niño no desarrolla mejores cualidades humanas si se reprime sus impulsos naturales, si se le obliga a portarse como un pequeño adulto que ha de estar durante muchas horas inmóvil, callado, asimilando conocimientos en proporciones reguladas científicamente por medio de lecciones verbales, siguiendo ejercicios predeterminados, de acuerdo a un horario organizado por especialistas en pedagogía”.

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2 respuestas a Evolución

  1. Aurora dijo:

    Hoy estuve a punto de poner la frase de Ortega en Facebook. La leí en la página de Alavida.

  2. wawier dijo:

    Iba a poner un texto Rebeca Wild que me gustaba, pero me pareció que encajaba mejor ésta.
    Besos.

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