La Hora Del Baño

Como padres, pronto descubrimos que hay dos maneras de bañar a tu hijo. La manera tranquila y la que te enseñan en el hospital.

El primer baño de nuestro bebé tuvo lugar en su segundo día de existencia y no pareció que le gustara especialmente. La enfermera nos mostró cómo debía hacerse y nos dio a entender que el baño es un trámite que no gusta ni a los bebés, ni a las mamás, ni a los papás; que debe durar lo justo y que su función principal es que el pequeño esté limpio. No nos convenció mucho la explicación y, basándonos en imágenes como éstas, llegamos a la conclusión de que debía de haber otra forma de bañar a un bebé: una forma en la que, tanto él como nosotros disfrutáramos, que pudiera durar algo más de cinco minutos y que nos permitiera tener un rato de conexión y relajación a los tres.

Nosotros lo planteamos así: si el baño es nocturno, apagamos la luz del cuarto de baño y encendemos unas velas. Si es diurno, abrimos bien la persiana para que además de un baño de agua, nuestro hijo tenga un baño de Sol.
Ponemos música. Una música muy concreta. Son canciones de un pianista coreano llamado Yiruma. Hace temas instrumentales bonitos y muy pegadizos. Es el Richard Clayderman de Seúl. Si alguna vez, nuestro hijo nos pide que le compremos un piano, ya sabemos de dónde viene el interés.

Tenemos la suerte de contar con una bañera (prestada) que permite bañar a los bebés mientras los padres permanecen de pie. Nuestros riñones son más felices así. Además, esta bañera incorpora un termómetro con colores para saber si vas a escaldar a tu bebé (rojo), lo vas a criogenizar (azul), o si la temperatura del agua es adecuada (verde). Unos 38ºC suelen bastar.

Así pues, Mamá y yo nos situamos frente a frente, uno a cada lado de la bañera. La parte del cuerpo de nuestro hijo que primero entra en contacto con el agua es un pie. Luego el otro. Poco a poco, toda su piel se va sumergiendo, salvo la de la cabeza. Yo lo sujeto de una manera firme, que le dé seguridad, pero que a la vez le permita moverse. Su cabeza reposa en mi antebrazo, y mis dedos índice y pulgar forman un círculo alrededor de su sobaco. Mi otra mano sujeta su espalda, aunque, a veces, la retiro para que pueda flotar. A su vez, Mamá lava al pequeño con mucho mimo. Utiliza dos esponjas distintas para el cuerpo y para la cabeza y le cuenta cada movimiento que hace.

Lo que convierte estos baños en algo tan especial es la expresión de nuestro hijo. Al sumergirse, sus ojos se pierden en el infinito, y parece recordar tiempos no muy lejanos en los que flotaba en un líquido aún más reconfortante dentro de la tripa de Mamá. Durante el tiempo que dura el baño, permanece callado, sin emitir gemido alguno, ni siquiera cuando el agua resbala por su frente y roza los ojos, y responde al contacto de nuestras manos con su piel con pequeñas sonrisas.

Cuando terminamos, nos gusta avisarle de que vamos a sacarlo de la bañera. Mamá prepara una toalla seca para envolverlo y lo lleva en brazos a la cama para secarlo y vestirlo.

El primer baño en casa de nuestro hijo fue una experiencia tan grata, que nos enseñó que se puede disfrutar mucho bañando a un bebé. A partir de ahí, cada baño es un momento agradable, uno de los mejores del día, sin duda.

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6 respuestas a La Hora Del Baño

  1. Aurora dijo:

    Estaría bien que los adultos mantuviéramos la costumbre de hacerlo así, nos sentaría tan bien.

  2. Mamá de A dijo:

    Si que es sabia la “tita”!

  3. Ester dijo:

    Enhorabuena por el blog…esta genial! y estoy taaan de acuerdo… parece q uno se hace padre y todo lo que le pasa por la cabeza es nuevo para el y para el mundo…parece que nadie lo ha vivido nunca….y te das cuenta de que no es asi;lo que marca la diferencia es como tu lo afrontas… me encanta vuestra filosofia y la compartimos 100% un fuerte abrazo

    • wawier dijo:

      Muchas gracias, Ester.
      Me alegro de que os guste y de que compartáis nuestra idea. Creo que es importante tomar conciencia de lo que implica realmente ser mamás o papás y cuestionarnos qué podemos ofrecer a nuestr@s hij@s en un plano que va mucho más allá de lo material.
      Un abrazo.

  4. Luces dijo:

    ¡A nosotros también nos pasó! Fue un baño de llantos el del hospital: tan solo un par de deditos de agua en la bañera y además ¡¡helada!!, movimientos bruscos de la enfermera… Y un baño de placer (placer a tres) el que le damos a nuestro hijo cada día en casa. Para nosotros también es un momento muy bueno del día. Cuántas veces vale incalculablemente más escuchar los propios instintos que los consejos de los “profesionales” y “especialistas”… ¿No se darán cuenta esas enfermeras de que no lo están haciendo bien??? o al menos de que se puede hacer mejor??
    ¡Enhorabuena por el blog!

    • wawier dijo:

      Gracias, Lucía. Pienso que la manera de bañar en los hospitales es la más práctica para ellos (pero no la más respetuosa) y que el baño es, desde su perspectiva, más un trámite que un momento de disfrute y de conexión con el bebé.
      Dado que, desde que escribí esta entrada, la bañera de pie se nos ha quedado pequeña, hemos empezado a practicar también el baño a tres y es un momento íntimo muy especial. Altamente recomendable.
      Un abrazo a los tres.

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