De Pediatras

No me gustan mucho las generalizaciones y mucho menos las referidas a profesiones porque, rápidamente, se cae en el tópico (lo dice un funcionario…). Por eso sé que, como en todos los gremios, en el de los pediatras, te puedes encontrar cualquier cosa.

Nuestra experiencia con ellos, hasta el momento, no da tampoco como para hacer una clasificación del tipo: “el meticuloso”, “el chistoso”, “el despistado”, etc., pero voy a contar un poco de cada uno, sin dar nombres, por si entre los cientos de miles de lectores de este blog se encuentra alguno de ellos.

G.L.: me atrevería a decir que protagonizó la experiencia más aterradora hasta la fecha de la corta vida de nuestro hijo (junto con la prueba del oído que le hicieron el día después de nacer). Es una señora de grandes dimensiones y de personalidad arrolladora. Trató a A. como si fuese un objeto, y a nosotros, como si fuésemos tontos, por ser primerizos. Según nos enteramos después, no es pediatra, pero pasa consulta de pediatría, y se esfuerza por hacer ver que sabe mucho. Nos recordó a Úrsula, el personaje de La Sirenita de Disney. El pequeño pasó toda la tarde de ese día llorando.

B.: la segunda noche que pasamos en casa, después de volver del hospital, nuestro hijo estuvo llorando desde las 23:00 de la noche hasta las 5:00, sin causa aparente. Llegado ese punto, decidimos ir a Urgencias, a pesar de que sabíamos la respuesta que nos iban a dar: “cólico del lactante”. Nos recibió B.. Su cara de sueño lo delataba: lo habían despertado para atendernos. Sin embargo, su trato fue de agradecer y mostró mucha empatía con nosotros. Nos trató como a padres preocupados, a la vez que entendía nuestra preocupación. Nuestro pronóstico resultó acertado (“se trata del cólico del lactante”) pero nos habló sobre ello de tal forma y con tanta calma, que no nos importó habernos vestido y cogido el coche a las 5 de la madrugada para que nos dijeran algo que ya intuíamos. A él le debemos la idea de pasear por el empedrado. La pena es que sólo atiende urgencias. Esperamos no verle mucho el pelo.

J.L.: si hubiera que encasillarlo, sería “el chistoso”. Fuimos a la consulta de J.L. por el tema de los cólicos y por recomendación de una persona que nos inspiraba confianza. Esta persona nos dijo un domingo: “J.L. pasa consulta los lunes. Llamad a su secretaria y decidle que es un caso urgente y que vais de mi parte, para ver si os puede hacer un hueco. ¡Ah!, la consulta cuesta unos 20 euros…”. Al día siguiente, llamamos a primera hora y nos sentimos los padres más afortunados del mundo cuando nos dijeron que ¡había un hueco!. O varios, se podría pensar, a juzgar por lo vacía que estaba su consulta aquella tarde… J.L. empezó bromeando para rebajar nuestra preocupación por los cólicos. Su trato con A. y con nosotros fue amable y cercano. Mientras A. estaba tumbado en su camilla no pudo reprimir- el control de esfínteres aún le queda muy lejano- las ganas de hacer pis, y mojó el papel que cubre la camilla, la camilla, el suelo de parqué de la consulta y puede que hasta salpicara a los zapatos de J.L. Él no pudo hacer otra cosa que reírse y quitarle hierro al asunto. Se reservó su mejor “chiste” para el final, cuando nos dejó caer que él siempre cobraba 50 euros por consulta “a todo el mundo” y recalcó lo de “a todo el mundo”, como diciendo “No sois los únicos a los que hemos timado por 20 minutos mirando a un bebé”. Pagamos sin rechistar, por educación, pero no pude evitar salir de allí pensando: “Sí, nos has cobrado 50 euros, pero mi hijo se ha meado por toda tu consulta y no sólo no has podido quejarte, sino que has tenido que poner buena cara”. Me recordó al chiste de Tarantino en Desperado.

J.: Es nuestra gran esperanza. De perfil completamente opuesto a Úrsula: pediatra de verdad, joven, afable, con buen trato hacia los niños y sin tentáculos. En su primera, y hasta ahora, única visita, A. estuvo tranquilo. El doctor le hizo un masaje en la tripa que le ayudó a sacar gases. Se hizo caca, pero dentro del pañal (si nos hubiera cobrado 50 euros, le habría “redecorado” la habitación) y salió de allí calmado. A nosotros, nos dio unas cuantas explicaciones sobre el cólico del lactante para añadir a la colección.

Por ahora son cuatro, pero estamos seguros de que habrá más pediatras en nuestras vidas. Y es que, al final, ir de pediatras es como ir a comprar un bote de detergente: buscas, comparas, y, si encuentras uno más respetuoso con tu hijo, te lo quedas.

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3 respuestas a De Pediatras

  1. Cuando dices “A él le debemos la idea de pasear por el empedrado. La pena es que sólo atiende urgencias. Esperamos no verle mucho el pelo.”, ¿es porque no deseáis verlo más o porque no váis a verlo más por las circunstancias?

    ¿Por qué nunca mencionáis el nombre de vuestro pequeñajo?

    Respecto al dinero… ¿por qué andáis pagando por los distintos pediatras? ¿No tenéis ningún seguro médico un pediatra de la Seguridad Social que os atienda? ¿Cuánto os cobró el último? ¿No es lo normal cobrar 50€? Yo de esto se poco, como sabrás 🙂

    • wawier dijo:

      Sabias preguntas que me dispongo a responder:
      – No es que no deseemos verlo más, es que esperamos no verlo porque como atiende urgencias, si no lo vemos, es buena señal.
      – No nombro a mi hijo porque como en el blog se revelan datos suyos de carácter personal me ha pedido permanecer en el anonimato.
      – El pequeño tiene Seguridad Social. El pediatra que nos cobró y que se suponía que era poco menos que una eminencia en cólicos, no lo cubría ninguna sociedad. Ninguno de los otros nos ha cobrado porque eran de la Seguridad Social.
      🙂

      • Gracias Javier.
        Ahora me quedo mucho más tranquilo. Por cierto, ¿cuál es la idea esa del empedrado? y si vives en una ciudad asfaltada, no histórica sin empedrados, ¿qué haces en ese caso?

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